26 de Junio: Maxi y Darío

Piqueteros, carajo*

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Pasaron ocho años desde la fría mañana del 26 de junio del 2002 en la que un pibe se despertaba en su casilla del barrio la Fe en pleno conurbano bonaerense. Una vez más se preparaba para luchar junto a sus compañeros del barrio por el aumento del valor del subsidio para los desocupados a $250, la universalización de los planes sociales, trabajo genuino para todos y libertad y desprocesamiento a todos los luchadores populares. Lo que  él no se esperaba era la impunidad con la que, en un operativo conjunto , la policía bonaerense y la federal reprimirían ese mediodía al movimiento de trabajadores desocupados que se había dispuesto a cortar el puente Pueyrredón.


Lo que pasó el 26 de Junio no fue un hecho aislado. Durante los noventa se sintieron en el país los frutos de las políticas neoliberales del menemismo, esto se vio reflejado en el cierre de fábricas y la privatización de diversas empresas, provocando un gran número de desocupados y un aumento general de la pobreza. En respuesta a esto se comenzó a generar un movimiento popular que tuvo que buscar nuevos métodos de protesta ante la imposibilidad de hacer huelgas o paros ya que se trataba de desocupados. Así aparece el piquete y las puebladas como modos de resistencia y el método asambleario y el trabajo de base como nuevas formas de construcción.

El primer ejemplo representativo de estas nuevas luchas es la pueblada de Cutral-có en Neuquén para resistir a los despidos causados por la privatización de YPF. Con la semilla de un pueblo organizándose, comienza a formarse la contraofensiva del gobierno mediante un aparato represivo dispuesto a defender a sangre y fuego el modelo neoliberal. Las represiones a los cortes de ruta con los años se van haciendo más fuertes e impunes. Durante los noventas la policía provincial y la gendarmería asesinan a Teresa Rodriguez en Cutral-Có y a Aníbal Verón en Mosconi.
Los nuevos métodos de lucha y organización popular no tardan en llegar a Buenos Aires donde a finales de los noventa se comienzan a formar las primeras organizaciones de desocupados. En estos años, un pibe de un secundario del conurbano harto de las injusticias que veía todos los días decidió no sólo quedarse soñando con un mundo mejor sino que empezó a cambiarlo. Comenzó con el espacio en el que el pasaba sus días: la escuela. Ahí junto con unos amigos creó una agrupación que es mismo año llegó al centro de estudiantes. Pero en aquellos turbulentos años sus inquietudes políticas lo acercaron al naciente movimiento piquetero, más exactamente a la Coordinadora Aníbal Verón. Junto con otros compañeros abrieron el MTD de Alte. Brawn y Lanús. Para poder laburar de lleno en el MTD se muda al barrio la Fe. El pibe se llamaba Darío.


El conflicto social aumenta enormemente en los años 2000 y 2001 y tiene como punto máximo las jornadas del 19 y 20 de diciembre del 2001 donde se evidencia una situación de doble poder ya instalada en el país: el poder del pueblo (tanto trabajadores como clase media quienes cantaban “piquete y cacerola la lucha es una sola”) se enfrenta al poder del del gobierno, con sus políticas de ajuste y su violento accionar represivo. El resultado de estas jornadas fueron 38 muertos y una total deslegitimación del gobierno de De la Rua quién debió renunciar e irse a bordo de un helicóptero.
Luego de una veloz sucesión de presidencias fue elegido Eduardo Duhalde como presidente de la república por los pocos que tienen mucho con un fin claro:  terminar con el conflicto social a cualquier costo. Así fue como, al mismo tiempo que apretaba económicamente al pueblo, trataba de frenar y desarticular los distintos movimientos llenando las calles de policías dispuestos a reprimir cualquier eventual manifestación.


Cuando Atanasoff , Ministro del Interior de aquel momento, declaró pocos días antes del 26 de junio que cortar los puentes era una declaración de guerra, nadie imaginó que el gobierno hablaba al pie de la letra. Ese día el Gobierno Nacional en conjunto con el de la provincia de Buenos Aires había preparado un minucioso plan de represión que incluía a 5 fuerzas de seguridad del Estado. Como frutilla del postre planearon que hubiera un grupo de efectivos con armas con balas de plomo, hecho que está terminantemente prohibido para este tipo de operativos. La estación de Avellaneda fue el escenario elegido por la policía para llevar a cabo una puesta de escena macabra: reprimirían a los luchadores para luego a decir que habían habido enfrentamientos entre distintas columnas de piqueteros. Primero dispararon a Maxi y lo entraron ya casi muerto a la estación. En medio de las corridas Darío pasó por la puerta del hall y vio que había un compañero herido. Por más que no lo conocía decidió entrar a socorrerlo. En ese momento entraron a la estación la gendarmería y un grupo de policías al mando del comisario Franchiotti disparando al aire. Darío quedó solo por unos minutos sosteniendo la mano de Maxi hasta que terminó de descubrir que su compañero ya estaba muerto. En ese momento que se levantó para correr le dispararon por la espalda. El operativo hubiera sido perfecto de no ser porque dentro de la estación había fotógrafos que pusieron en jaque la farsa del gobierno.
Al hacerse pública la verdadera versión de los hechos, Duhalde, siendo el autor político e intelectual de la muerte de los pibes se ve en la necesidad de adelantar las elecciones presidenciales a la vez que intenta desligarse de los policías que mataron a Darío y Maxi. En los meses posteriores, por la gran presión de las manifestaciones que se hicieron pidiendo justicia fueron juzgados y encarcelados algunos responsables, como el mismo comisario Franchotti.


Sin embargo, hoy, a 8 años de la masacre del Puente Pueyrredón, todavía no fueron juzgados ninguno de los autores políticos e intelectuales de los crímenes. Anibal Fernández, Jefe de Gabinete de los kirchne (“el Gobierno de los Derechos Humanos”), era ministro en 2002 y avaló sin ningún problema los asesinatos y la represión de los jóvenes piqueteros. Eduardo Duhalde, el bombero de los poderosos que no dudo en apagar las vidas que hicieran falta, hoy se presenta como un firme candidato para el 2011. Para nosotros, estos personajes son candidatos, sí, pero a la cárcel.
Porque a 8 años no olvidamos ni perdonamos el asesinato de los dos compañeros. Este 26 tenemos que ir una vez más al puente a luchar por el procesamiento y el encarcelamiento de todos los culpables de la masacre. Hoy la lucha de Darío y de Maxi continúa: en contra de la precarización de la vida, por trabajo digno y por el cambio social. Hoy ellos nos gritan, como la canción, “sepan que yo sólo muero si ustedes van aflojando porque el que murió luchando vive en cada compañero”.


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La policía arrastra los cuerpos de Maximiliano Kosteki
y Darío Santillán de la estación Avellaneda el 26/6/02


*Nota a publicar en la revista El Nudo de julio del 2010
de distribución próxima en manos de la